
El otro día estaba viendo una película por Netflix en la cual mi esposa me ofreció a ver juntos. Me dijo que era una película militar lo cual fue una sorpresa porque mi esposa realmente, contrario a mí, no es persona de ver películas militares. A lo que enseguida me contó que era una película de mujeres militares en la segunda guerra mundial. Como no quiero arruinarle a los que no han visto la película, no voy a hablar de ella en detalle, solo diré que vale la pena verla, y no solo verla sino que también les exhorto que busquen la historia detrás de ella. Creo que en mi blog no he podido enfatizar suficientemente lo importante que es aprender de la historia. La historia nos da identidad, nos dice de donde venimos, nos dice donde y porque estamos donde estamos, y el que sabe y aprende de la historia es capaz de saber a donde nos dirigimos.
A lo que quiero y puedo contar, la película trata de un batallón del ejercito de los Estados Unidos que en realidad existió, su historia no trata de batallas heroicas o conquistas de ciudades o lideres enemigos eliminados por nuestros héroes y aliados, de hecho ni siquiera trata de hombres. Este blog trata de mujeres que decidieron servir a su país en el momento donde más se les necesitaba y no cualquier tipo de mujeres. Este blog trata de algo que aparenta no ser de gran importancia, pero para el que conoce de estar lejos de su familia y lo importante de mantener algún tipo de conexión es de inmensa importancia. En este tiempo no había internet ni mucho menos red celular. Todo lo que esos soldados tenían para mantenerse en contacto con su familia eran las cartas. Si, cartas hechas a mano y enviadas a través del sistema más lento y defectuoso de comunicación habida en el momento. El correo postal. Tengo que hacer un paréntesis aquí, no digo que el correo postal sea malo, cabe decir que mi mejor amigo de la escuela superior pertenece al correo y se que el hace lo mejor que puede para que el correo fluya lo mejor posible incluyendo la transferencia y envío de cartas. El problema en aquel entonces es que los recursos para transportar el correo estaban comprometidos debido a la guerra en contra de los nazis.
Buscando una solución a la falta de comunicación entre las familias de América y los soldados, nació el batallón 6888 (o la seis triple ocho como le conocían en aquel entonces), un batallón enteramente de mujeres, pero no solo cualquier tipo de mujeres, sino de mujeres afroamericanas, Un batallón que siendo asignadas al principio sin ningunas expectativas lograron hacer historia. Esta unidad logró llevar a cabo la transferencia entre los soldados en el frente de la guerra y sus familiares a la nación americana. Esta misión los llevo a ganar el galardón de la medalla de oro congresional y otros reconocimientos en los Estados Unidos y en Europa. Sus nombres y su misión humilde e importante serán recordadas por generaciones.
Lo que no se habla mucho de ese batallón, es que no solo era compuesta de mujeres afroamericanas, también había mujeres hispanas y mezcladas, y entre ellas había mujeres de decendencia sudamericana y por supuesto puertorriqueñas. Y en este Freedom Friday, vamos a llevar a la luz un orgullo puertorriqueño, una mujer boricua que decidió servir a la nación americana y fue parte de ese gran batallón que no fue sino hasta hace poco que su nombre resonó con gran volumen. Hoy hablaremos de la centenaria Crescencia “Joyce” García, nacida en Maunabo, Puerto Rico el 18 de abril de 1920, Nacida de una familia humilde al punto que tuvo que criarse con su madrina porque su madre no podía mantenerla ya que tenían, incluyendo a ella tres hijos en el núcleo familiar y muy poco ingreso para sostener la familia. Crescencia tenía dos hermanos, su hermana, Modesta y su hermano, Alejandro. Crescencia se graduó del octavo grado el cual fue el grado de educación más alto que pudo obtener ya que en aquel tiempo su madrina no veía una razón solida por el cual ella debería seguir su educación. Crescencia eventualmente vivió con su madre y hermanos en San Juan buscando progresar en su educación. Logró entrar en la escuela superior por solo dos años pero no pudo graduarse debido a que su madre no podía por ellos. Crescencia quería ser enfermera pero su madre simplemente no podía pagar por dichos estudios. Buscando un mejor porvenir para ella y su familia, la vida llevo a Crescencia a Nueva York, a través de amigos y conexiones logró conseguir trabajo en una fabrica de coser, con el dinero que logró conseguir de este trabajo pudo traer a su familia para NY en un apartamento en el Bronx. Crescencia siguió soñando con servir de alguna manera ayudando a heridos pero la oportunidad no se materializó sino hasta que Pearl Harbor fue atacado. Fue entonces que ella se unió al ejercito de los Estados Unidos de América teniendo solo 24 años de edad, buscando servir a su país y hacer lo que siempre quiso, atender a los enfermos y heridos. Fue enviada a Des Moines, Iowa para su entrenamiento básico. De ahí fue asignada a un Regimiento compuesto de solo personal negro.
De ahí fue para Texas para convertirse en médico. Sin embargo, fue en Texas donde experimentó un discrimen el cual solo hispanos de tez oscura o similar podrían experimentar, evidentemente no era blanca y por ese hecho no encajaba en la comunidad anglosajona, pero desafortunadamente tampoco era considerada completamente negra, por lo cual también enfrentó discrimen entre la comunidad afroamericana. Nuestra Crescencia sufrió lo peor de los dos mundos mientras tenía que experimentar también la segregación. Sin embargo, a pesar de sus penurias, nuestro héroe logró hacerse medico siendo parte del legendario batallón 6888 y siendo enviada para Inglaterra en un hospital cerca de Londres en donde no recuerda haber sido excluida por el color de su piel, sino que era considerada Hispana por su herencia y habilidad de hablar español. Trabajó atendiendo soldados heridos y quemados junto con las demás enfermeras inglesas logrando así su sueño de adolescente atendiendo a los necesitados. El tiempo de regresar a su nación llegó, después de servir honorablemente y habiendo la guerra terminado, nuestra héroe Crescencia embarcó en la nave llamada “Arcadia” zarpando a la próxima etapa en su vida donde eventualmente se casó y tuvo una vida de civil plena y llena de muchos otros logros. Para el 2022, Crescencia fue una de las ultimas seis miembros de la seis triple ocho que sirvieron y seguían con vida.

Esta honorable unidad formada en su mayoría de mujeres afroamericanas pero también de valientes hispanas ha sido la única que han sido galardonadas con la medalla de oro congresional por sus actos, siguiendo su motto “No mail, low morale” que traducido dice “Sin correo, la moral baja” indicando la importancia de mantener conexión con los seres queridos a través de cartas para mantener la fuerza para pelear. También nuestra Crescencia fue reconocida por la primera dama Jill Biden en honor a su servicio por nuestra nación entre otros eventos.
Nuestra Crescencia “Joyce” Garcia, dejo este mundo en paz el 3 de agosto de 2023 habiendo vivido 103 años de edad, una vida completa donde fue amada, se casó, dejó posteridad y entre todos los logros de su vida incluye servir su país durante la segunda campaña bélica más grande del mundo su nombre esta grabado por tiempo y eternidad en los archivos de los miembros de la seis triple ocho como Garcia, Crescencia PVT y en este humilde blog que solo busca perpetuar los nombres de nuestros valientes héroes puertorriqueños que decidieron servir la gran nación americana.
Mi corazón se llena de humildad y me siento honrado en poder grabar en mi blog la historia de otro héroe que ha ayudado a cementar nuestra huella en la historia de los Estados Unidos de América.

Fuentes: